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jueves, 27 de octubre de 2016

El payaso triste

Antoine Watteau, Pierrot (antiguamente llamado Gilles)


No es un payaso amenazante ni un salteador de caminos. Es una figura imponente, como una estatua, blanco, inmóvil, mudo. Es el paradigma del payaso triste.

Lo pintó Watteau, aparentemente en 1720, en una época en que se tapaba la dura realidad con fiestas, amores furtivos y otros placeres mundanos.




¿Qué nos quiso decir con este Pierrot? ¿Quiénes son los personajes que lo rodean? ¿Por qué antes se llamaba Gilles?

jueves, 20 de octubre de 2016

Curiosidad

Manet, El balcón, 1868
Curiosidad, mucha curiosidad, es la que impulsa a Manet a viajar a Madrid. El viaje en tren duraba 22 horas, pero esto no le iba a impedir conocer de primera mano a Velázquez.

Velázquez había quedado escondido durante siglos en palacios, en colecciones reales. Lo mismo pasaba con Goya. Eran muy pocos los que podían ver sus obras; en Francia sólo se conocían por grabados o copias. Con la inauguración del Museo del Prado en 1818, ya no hubo excusas.




jueves, 13 de octubre de 2016

Una cuestión de honor

El Greco, Caballero con la mano en el pecho,
1580
Los pintores del Renacimiento lo tenían muy difícil: se los consideraba meramente unos artesanos, ni siquiera se los consideraba humanistas o sabios, como ocurría con los literatos o filósofos. Trabajaban con las manos y eso los hacía indignos. Larga fue la lucha de Leonardo, Miguel Ángel, Durero, Velázquez, Rubens y tantos otros para lograr el reconocimiento del oficio. Hacia fines del sg. XVI en Italia, las cosas habían mejorado un poco para los artistas, pero estos avances no habían llegado todavía al resto de los países europeos.



Doménikos Theotokópulos (El Greco) venía de Creta, había pasado por Venecia y Roma. Quiso probar fortuna en Madrid, no logró establecerse y se quedó en Toledo. Era un extranjero, católico entre ortodoxos, y con un lenguaje pictórico que era una mezcla de los iconos bizantinos, el colorido veneciano y el Manierismo italiano. 

jueves, 6 de octubre de 2016

Un viaje en el tiempo


Museo del Romanticismo 

Comedor (Imagen: C. del Rosso)

Como ya te conté, hay museos preciosos en Madrid, escondidos, a la espera de que vayas a verlos. El Museo del Romanticismo es pequeño, está apartado de la ruta acostumbrada de museos de la ciudad. Pero te aseguro que vale la pena.